miércoles, 10 de septiembre de 2008

En el bosque mientras


Detrás del sofá o quizás debajo del descanso de la escalera. Ahí, en la terraza siempre es donde te busco primero. Subo, giro la cabeza, no te veo y me vuelvo. Bajo por las escaleras y se te pone la piel de gallina cuando me encuentro justo arriba tuyo. Solo un trozo de madera perfectamente cuadrada y un soporte de acero macizo nos separa. Intentas no respirar, parecer un adorno viejo y roto que colocamos ahí hace años soñando con arreglarlo alguna vez, para después discutir acerca de donde colocarlo en algún lugar de la casa. Sigo bajando. Veo nuestro cuarto y decido buscarte ahí. A medida que me alejo de la escalera te vas aflojando y cuando yo entro al dormitorio, pensás en cambiar tu escondite. Sino, tal vez, ir detrás de mí y asustarme. Después besarnos. Finalmente, por indecisión, decidís quedarte ahí escondida y sentarte. Esperarás ahí el tiempo necesario hasta que yo te encuentre.
Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno, cero. “El que no se se escondió se embroma”. No hago nunca trampa, apoyo la cabeza contra mi brazo flexionado y, a la vez, este, lo apoyo contra la pared. Cierro lo ojos y escucho como te alejas para esconderte. Detrás del sofá o quizás debajo del descanso de la escalera. Tampoco estás en el cuarto. Llego a la cocina. Los platos del mediodía aún se encuentran sucios. El sol ya no aparece reflejado en las baldosas azules y entiendo que la tarde va llegando a su fin. Me hago un mate. Agarro la pava y la lleno con agua. La pongo en la hornalla. Abro la caja de los fósforos y saco uno cualquiera, uno al azar. Lo raspo contra el costado de la caja. Se enciende y, prendo la hornalla. Mientras se calienta el agua, meto yerba en el mate y coloco la bombilla. Ya sé que te molesta, que primero hay que echarle un chorrito de agua y después poner la bombilla así el mate tarda más en lavarse. Pero vos no estas acá. Vos estás debajo de la escalera o en algún otro lugar de la casa, esperas, agazapada, como un león silencioso que espera que su presa se acerque, para después, tomarlo por sorpresa, para matarlo. Yo no soy tu presa. Vos esperas ahí, que yo te busque y nos riamos del lugar que elegiste y lo difícil que fue encontrarte. Yo no soy tu presa. Yo sé que vos estás escondida, no sé donde, pero en cambio la víctima del león ni siquiera sabe que alguien lo espera. Y te hago desear más de lo acostumbrado. Ya no voy por la casa, susurrando tu nombre, enunciándolo en forma interrogativa. Ahora estoy sentado, me tomo un mate y hojeo el diario. Ya no quiero ser yo el que te encuentra, y te agarra, y nos reímos y te llevo como una pareja de recién casados a nuestro dormitorio para hacer el amor y quedarnos dormidos y después despertarnos el lunes y tener que ir a trabajar. Seguís esperando. ¿Y si yo no te encuentro y ya no te llevo a nuestro dormitorio? Apareces por la puerta de la cocina. No te miro, estoy concentrado en lo espesa que es la mermelada de frutilla con pulpa y lo que eso implica. Es mucho mas complicado esparcirla por la tostada. Supongo que estarás un poco enojada. Me preguntás porque no te estaba buscando. Estas son las últimas palabras. Ahora voy a entregarte esta carta.

2 comentarios:

E.- dijo...

sos un bonito! y aunque todavía no haya leído nada más que la "presentación" me gusta la onda, y el hecho de que la foto del perfil te la haya sacado yo.
me gusta que publiques lo que escribis, va a estar bueno leerte!
beso grande grande!

Tomás dijo...

después de infinitos lunes de mates y galletitas, de escuchar tus cuentos, de conocer nuevas bandas y bardear incansablemente nace semillas. felicitaciones queridoamigojaunchotrosko.
ya te meti link desde mi blog!